El Limite, las normas y las amenazas

El Limite, las normas y las amenazas

El límite, las normas y las amenazas

A menudo, en los grupos de familia que llevo en AFENES, tengo que diferenciar claramente entre el límite, las normas y la amenazas. A los familiares de personas que sufren TLP, a menudo les dice que han de poner límites, o bien que gran parte del problema es que ellos no han sabido poner límites.

Esta es una acusación injusta, ya que  rara vez,  se les explica bien qué es un límite y no se les hace una diferencia explícita entre los límites, las normas y las amenazas, por lo que a menudo utilizan inadecuadamente esta habilidad, acaban ponen normas  no consensuadas o hacen amenazas pensando que son límites.  Es por eso que en este post quiero establecer claramente la diferencia entre el  límite, las normas y las amenazas.

Así pues, el límite, las normas y las amenazas serían formas distintas de mandos (puedes ver lo que es un mando en este link) En el caso de las normas sería «reglas verbales de seguimiento» o automandos.

El límite.

El límite sería pues una respuesta del receptor de un mando o conducta que resultan aversivas por parte de un emisor. En este caso el límite cumple la función de parar, decir no, o rechazar dicha conducta o mando verbal de forma asertiva. Pongamos ejemplos:

Ante la conducta de fumar a mi lado. El límite sería: «Perdona, te agradecería que no fumaras a mi lado»

Ante una persona que me grita. «Me siento molesto cuando me gritas, te agradecería que no lo hicieras».  Esta conducta verbal contien dos aspectos, primero un tacto con mi propia experiencia «me siento molesto» y luego un mando reforzador o positivo: «te agradecería que» en forma de solicitud.

Hay que tener en cuenta que ciertos mandos pueden resultar invalidantes si previamente no se «tacta» con la persona a la que se realiza el mando. Es muy importante VALIDAR o tactar con las emociones, sentimientos o conducta de la persona para que los mandos sean más efectivos: «Me doy cuenta de que estás enfadado por…  y aún así me siento muy molesto cuando me gritas  te agradecería que procuraras no gritarme». Este mando resultaría aún más efectivo gracias al tacto anterior con la experiencia de la otra persona.

En definitiva, como siempre digo en los grupos, los límites tienen la función de «defendernos de forma asertiva» de las verbalizaciones o conductas de los demás.

Es importante entender que un límite no tiene la función de controlar la conducta general del otro, sino establecer la forma en que dicha conducta ha de establecerse en relación conmigo. Esto no quiere decir que en un límite no se puedan establecer consecuencias en caso de que la conducta persista.

Las amenazas.

Las amenazas son un tipo de mando aversivo. Es decir, son un tipo de mando cuya función es controlar la conducta del otro a través de un establecimiento causal entre la posible conducta y las consecuencias aversivas que sobrevendrían.

Un ejemplo sería: «Como fumes  te hecho de casa».

Como vemos, en este caso se establecen unas consecuencias aversivas para una de las partes en caso de realizar una conducta concreta. El problema de las amenazas es que:

  • La persona que amenaza se convierte en un estímulo discriminativo. Esto quiere decir que las conductas que intenta controlar la amenaza sólo funcionarán cuando la persona que amenace esté delante y posiblemente no funcionaran de forma continuada.
  • Las amenazas solo son efectivas cuando existe una relación vertical entre oyente y hablante. Esto quiere decir que solamente cuando el que amenaza tiene poder para cumplir la amenaza entonces será más efectiva. No es lo mismo que tu jefe te diga: «si sigues así te echo» que un compañero te diga «si sigues así te echarán». Cuando la relación es horizontal la amenaza es menos creida. Es por eso que, en la adolescencia, a medida que las relaciones se vuelven más horizontales las amenazas pierden efectividad.
  • Las amenazas no suelen cumplirse. A menudo las amenazas se ponen en contextos emocionales y se ponen de forma desproprocionada, con lo cual no suelen cumplirse ya que, además requieren un seguimiento y un compromiso de acción por parte de quien las pone.
  • Las amenazas suelen dificultar las relaciones a largo plazo y no las mejoran.

LAS NORMAS.

Las normas se refieren a reglas verbales de seguimiento que están establecidas o bien por una autoridad o bien por consenso social. En este sentido ocurre lo mismo que con las amenazas, cuando la relación es horizontal las normas de seguimiento son más útiles cuando son consensuadas, mientras que si existe una parte que es autoridad pueden ser impuestas.

De nuevo, las relaciones en las que existe normas expuestas por una autoridad pueden resultar invalidantes  si se perciben como mandos aversivos y no como reglas de seguimiento por el receptor. Es decir, a medida que nuestros hijos crecen es útil establecer normas consensuadas y no normas autoritarias.

Cuando una regla verbal de seguimiento es aceptada, suele ser seguida por el individuo.

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